El Ratón Pérez - La Historia

Publicado por Isabella Soto en

A los chiquitos de la casa les da mucha ilusión cuando se dan cuenta que tienen su primer diente flojo, y es que eso significa la visita de un pequeño personaje nocturno que viene por su diente y se lo lleva a cambio de un regalo!

La historia del Ratón Pérez es perfecta para distraer un poco el dolor y el trauma que para algunos niños supone esta etapa de su niñez. Si tus chiquitos están pasando por esta etapa aprovecha para contarles la historia completa de este curioso amiguito roedor:  

Pepito Pérez era un pequeño ratoncito de ciudad. Vivía con su familia en un pequeño agujerito en la pared de un edificio. El agujero no era muy grande, pero era muy cómodo, y allí no les faltaba la comida. Vivían junto a una panadería. Por las noches él y su padre iban a coger harinas y todo lo que encontraban para comer.

Un día Pepito estaba descansando en su casa y escuchó un gran alboroto en el piso de arriba. Como ratón curioso que era trepó y trepó por las cañerías hasta llegar al primer piso. Allí vio un montón de aparatos que nunca había visto antes, sillas grandes y blancas, floreros, cuadros... ¡parecía que alguien se iba a instalar allí!

Al día siguiente Pepito volvió a subir a ver qué era todo aquello, y descubrió algo que le gustó muchísimo. En el piso de arriba habían puesto una clínica para dientes.

A partir de ese día todos los días subía a mirar todo lo que hacía el doctor. Miraba y aprendía, volvía a mirar y apuntaba todo lo que podía en una pequeña libreta de cartón.

Después practicaba con su familia lo que sabía. A su madre le limpió muy bien los dientes, a su hermanita le curó un dolor de muelas con un poquito de medicina... Y así fue como el ratoncito Pérez se fue haciendo famoso.

Venían ratones de todas partes para que los curara. Ratones de campo con una bolsita llena de comida para él, ratones de ciudad con sombrero y bastón, ratones pequeños, grandes, gordos, flacos... Todos querían que el ratoncito Pérez les arreglara los dientes.

Pero entonces empezaron a venir ratones ancianos con un problema más grande: no tenían dientes y querían comer turrón, nueces, galletas, y todo lo que no podían comer desde que eran jóvenes por su falta de dientes. El ratoncito Pérez pensó y pensó cómo podía ayudar a estos ratones viejitos que confiaban en él. Y, como casi siempre que tenía una duda, subió a la clínica dental a mirar y a buscar ideas. Allí vio cómo el doctor le ponía unos dientes estupendos a un abuelito. Esos dientes no eran de personas, los hacían en una gran fábrica para los dentistas. Pero esos dientes, eran enormes y no le servían al ratón viejito.

Entonces, cuando ya se iba a ir a su casa sin encontrar la forma de ayudarle al ratón viejito, apareció en la clínica un niño con su mamá. El niño quería que el doctor le quitara un diente de leche para que le saliera rápido el diente fuerte y grande. El doctor se lo quitó y se lo dio de recuerdo. Y ahí fue donde el ratoncito Pérez encontró la solución: “Iré a la casa de ese niño y le compraré el diente!”, pensó. Lo siguió por toda la ciudad y cuando por fin llegó a la casa, se encontró con un enorme gato y no pudo entrar.

El ratoncito Pérez se esperó a que todos se durmieran y entonces entró a la habitación del niño. El niño se había dormido mirando su diente, y lo había puesto debajo de su almohada.

Al pobre ratoncito Pérez le costó mucho encontrar el diente, pero al fin lo encontró y le dejó al niño un bonito regalo. A la mañana siguiente el niño vio el regalo y se puso contentísimo y se lo contó a todos sus amigos del colegio.

Y a partir de ese día, todos los niños dejan sus dientes de leche debajo de la almohada y el ratoncito Pérez los recoge y les deja a cambio un bonito regalo. Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

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